El frustrado viaje a Moscú de 1960

El periodista Ramón Ramos desvela en su libro ‘Que vienen los rusos’ (editorial Comares) cómo y  por qué el régimen de Franco prohibió a España enfrentarse a la Unión Soviética en la Eurocopa de 1960. Dos jugadores del Sevilla FC fueron testigos de aquel frustrado viaje: Pereda y Ruiz Sosa.

Pereda estaba convocado desde el principio, mientras que Ruiz Sosa fue llamado por el seleccionador a última hora, por lesión de Gento. Era mayo de 1960, es decir, al final de la temporada 59-60, en la que el Sevilla había hecho una brillante temporada, con una alineación habitual formada por Mut; Santín, Campanal, Valero; Ruiz Sosa, Achúcarro; Aguero, Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay. Los cinco atacantes formaban la que se dio en llamar ‘delantera de cristal’.

Ruiz Sosa recibiendo homenaje en el Sevilla FC. (+info de Ruiz Sosa)

Pereda y Ruiz Sosa protagonizan junto a Garay una de las anécdotas que Ramos narra en su libro de aquel episodio histórico que privó a España de la primera Eurocopa.

Durante la espera en Madrid para subir al avión que les llegaría a Moscú, mientras se confirmaba o no el viaje a tierras comunistas, salieron a confesarse a una iglesia cercana. Iban con Garay, un vasco que vestía chaqueta porque venía de Bilbao, mientras que ellos dos, que habían llegado de Sevilla, llevaban manga corta, cosa que en la época estaba mal vista. Confesó Garay primero y le pasó la chaqueta a Ruiz Sosa. Por último se la puso Pereda y cuando llegó al confesionario el cura le dijo: «Qué, ¿usted también va a Rusia?» «Y cómo lo sabe usted, padre?» «Porque es la tercera vez que veo esa misma chaqueta y todos me cuentan los mismo…», contestó.

La obra del periodista y escritor Ramón Ramos ‘¡Que vienen los rusos!’ recrea un episodio real, ocurrido en 1960, enfocado tanto desde el plano deportivo como del papel muy activo de la censura en aquel régimen, así como la utilización de política y deporte a conveniencia e interés de cada situación concreta. En ese año, a la selección española de fútbol le correspondía disputar una eliminatoria contra la de la URSS, dentro del calendario de la primera Copa de Europa de Naciones. La obligatoriedad de que la selección española viajase a Moscú (se hubiese tratado de la primera delegación oficial española que se desplazaba a la Unión Soviética desde 1939) y, a continuación, una semana después, la de la URSS compareciese en el Bernabéu, suscitó un encendido debate en el seno del Consejo de Ministros de la época. El Gobierno se dividió y la cuestión fue zanjada por el general Franco, quien, en último término, dictó la autoeliminación de España. 

Paradójicamente, una decisión de ese calibre para la popularidad e interés que el fútbol suscitaba y el prestigio que los clubes españoles habían adquirido en Europa (eran los mejores tiempos del Real Madrid, seguido muy de cerca por el Barcelona y en ambos equipos se alineaban los futbolistas más laureados internacionalmente, como Di Stéfano, Kuabala, Puskas, Suárez…) fue hurtada a la sociedad española y la afición futbolística, pues el mismo Consejo de Ministros que decidió la retirada de España dictó igualmente una circular por la que se prohibía taxativamente a periódicos, emisoras de radio y la naciente televisión de la época cualquier alusión a los partidos España-URSS, el primero de los cuales debía celebrarse apenas una semana después, mientras las autoridades deportivas del momento presionaban a contrarreloj en las altas esferas del régimen la posibilidad de que Franco se volviese atrás de una decisión ya tomada.   
 
A tal punto rayaba el veto a toda noticia relativa a los partidos que los propios jugadores fueron concentrados en Madrid la mañana prevista de antemano para emprender vuelo a Moscú, vía Bruselas, y fue en los propios locales de la Federación donde se enteraron de que España renunciaba a disputar la eliminatoria.
 
Obedientes a la circular del Ministerio de Información y Turismo, ningún periódico o emisora difundió noticia alguna relativa a la autoeliminación, salvo -ya el último día- una breve nota de dos líneas, comunicado oficial que calificaba la renuncia bajo el eufemismo de ‘suspensión’. Sin añadir otro comentario, la nota fue publicada en páginas muy secundarias y sepultada entre otras de escaso interés. 

 El libro aporta documentos oficiales inéditos, obtenidos en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares), que ilustran el papel de la censura en aquellos días y época. Asimismo, consulta la prensa deportiva europea de aquellos días, donde se informó y criticó libremente la postura española, que motivó una protesta diplomática oficial de la URSS ante organismos internacionales, no solamente deportivos. La información de ‘Pravda’ enmarcó la negativa de Franco en la posible ‘contaminación’ de los futbolistas españoles que se hubiesen desplazado a Moscú y, también, en el ‘desprecio’ del régimen franquista a cualquier tipo de aspiraciones y aficiones de las clases populares españolas.   

Curiosamente, cuatro años después, en 1964, España acogió la fase final del campeonato, la Copa de Europa de Naciones, ya en su segunda edición, y el partido final convocó en el estadio Bernabéu a las selecciones española y soviética con el régimen de Franco como país anfitrión. En el palo mayor del coliseo madridista ondeó la bandera roja con la hoz y el martillo, Franco asistió al encuentro en el palco de honor y España se impuso gracias al mítico gol de Marcelino, cuya imagen es icono de los éxitos del fútbol español. ¿Qué había cambiado? Sencillamente, que en 1964 el régimen de Franco celebraba los ‘XXV Años de Paz’, lema bajo el que con gran profusión se organizó una campaña oficial desde el Ministerio de Información y Turismo, coincidiendo con el veinticinco aniversario de la conclusión de la guerra civil. La campaña, diseñada por el equipo del ministro Fraga Iribarne, resaltaba los logros de aquel régimen político desde su plena implantación en el poder en España. En ese contexto, y en pleno desarrollo de la campaña, se produjo el emparejamiento deportivo España-URSS. Como España ganó, la victoria española sobre la Unión Soviética -con Franco en el palco- fue saludada como un logro más del ‘Caudillo’ y los muy controlados y oficialistas periódicos dedicaron casi tanto espacio en sus crónicas al «segundo triunfo» de los ‘azules’ (la selección jugó aquella tarde de azul) sobre los ‘rojos’ (colores oficiales de la selección soviética). Ni el más optimista organizador de ‘XXV Años de Paz’ pudo soñar un final más acorde y feliz para la campaña.  

Con esa línea argumental, el libro se adentra en otros episodios relacionados con política y deporte, tales como la frustrada candidatura olímpica de Madrid-1972, la película propagandística ‘Los ases buscan la paz’ o las vicisitudes políticas del partido España Italia, disputado en abril de 1931, en los días inmediatamente posteriores a la proclamación de la II República. 

 

Entrevistas a Ramón Ramos en distintos medios: El Correo, As, El Mundo